LORETO, ZAC.- En el 107 de la calle 5 de Mayo el tiempo se detuvo…

El umbral de una puerta de dos hojas separa algo más que el ruidoso y acelerado trajín cotidiano, de un oasis que invita a olvidarse por un momento, del habitual ritmo de la vida. Separa el presente y el pasado en todas las formas que se quiera entender.

Es El Paraíso, un bar que tiende más a tradicional cantina con barra central de madera, rockola, mingitorios descubiertos y un cantinero dispuesto a servir no sólo de barman sino de confidente, consejero o simplemente de alegre y atento interlocutor de quienes pasan por ahí.

La Barra del Paraiso

Sí, una cantina de esas a las que apenas los últimos años del siglo XX pudieron ser visitadas por mujeres, tal vez esa es la razón por la que a la entrada ya no existe el legendario aviso de “Prohibida la entrada a uniformados, menores y mujeres”.

Y tal vez también por eso es que se adecuó un sanitario cubierto, con puerta y luz propia en contraesquina de los migitorios que permanecen al a la vista de todos.

El nombre no fue errado, porque al traspasar el muro recubierto de azulejos se acalla el ruido de la calle junto con el que retumba en la cabeza de quienes llegan ahí, a El Paraíso, igual para festejar algún logro con un trago o ahogar una decepción amorosa con más de una cerveza o algo más fuerte.

La rocola en El Paraiso

Las notas de una vieja guitarra y la voz de un experimentado trovador alternan la convivencia; con la misma prestancia entonan una de amor que una de desamor, una para ellas o una en contra de ellas y hasta una rítmica para bailar una, cuando se trae pareja.

Cuando no llega el trovador, la moderna rockola, de discos compactos, está presta para tocar y tocar mientras los bebedores beben y platican y el cantinero sirve los tragos y las botanas que amortiguan los efectos de los embriagantes.  

Si la vieja barra de madera pudiera hablar daría testimonio puntual de planes fallidos en una conquista, de cuantos fueron a darse valor antes de declarar su amor a la dueña de sus suspiros y hasta cuantos pactos políticos se cerraron ahí, donde se han reunido desde gobernadores y presidentes municipales hasta funcionarios de todos los niveles desde 1944.

La Barra del Paraiso

Y aunque han pasado 76 años desde que este municipio tiene su propio Paraíso, la esencia de la cantina no se ha perdido con la modernidad: aún existe una antiquísima máquina registradora dispuesta entre vasos, copas y vinos y licores y a los clientes se les sigue obsequiando el tradicional calendario de bolsillo con la foto de una sexymodelo por un lado y por otro la publicidad del establecimiento.

El viaje en el tiempo y el espacio, dentro de El Paríso, incluye una transformación que libera y alivia del estrés cotidiano hasta al más formal empresario, eMigrante, profesor o político, que por unos momentos se deshacen de sus finas y almidonadas costumbres para entonar a voz de garganta una clásica de Chente, de Los Cadentes de Linares o una de Julión

La Barra del Paraiso

Total, lo que pasa dentro de El Paraíso (mientras no modifique el curso normal de la vida) se queda en El Paraíso, que se convierte en la bisagra entre el pasado y el presente  al salir relajados, animados y con ánimo para continuar en la rutina diaria.

Por todo ello, propios y extraños afirman que “quien viene a Loreto y no llega a El Paraíso, es como si no hubiera venido”.