GUADALUPE, ZAC.- Un portal sólo perceptible para aquellos sensibles a las energías y a la magia atrapó irremediablemente a Julissa Jáquez en Zacatecas, la primera vez que piso esta tierra colorada hace 20 años.

Desde su primer respiro en la ciudad capital quedó impactada, no sólo por su belleza, que salta a la vista, sino también “por su magia y espiritualidad”, que se conjuga con la plata sobre la que está erigida y la cantera que le da identidad y forma al rostro de la Diosa.

Zacatecas es un lugar muy espiritual. Hay bastante magia de la diosa alrededor de Zacatecas, por lo tanto ella es una mujer y es una madre: Zacatecas Madre Espiritual, Madre Mágica”, afirma con una melodiosa voz que no por su dulzura deja de ser imponente.

Juli, como es conocida por decenas de personas que la quieren y la procuran, de inmediato supo que ella quería echar raíces en Zacatecas y desde ese momento se convirtió en inmigrante, es decir eMigrante a la inversa, puesto que ella viene del extranjero a quedarse en esta tierra de Dios.

Yo nací en San Francisco, California, donde el movimiento wicca ya era muy fuerte desde los años 70”, tal vez esa situación, sin que ella se diera cuenta, fue determinante para que a casi 3 mil kilómetros de distancia aflorara como sacerdotisa wicca.

La californiana, madre de tres hijos nacidos en este lado de la frontera, trabaja con magia y la energía de los cuatro elementos: agua, fuego, aire y tierra, para transformar las vidas de quienes acuden a ella.

Sentada tras una mesita de madera, Juli lee la suerte a un joven que recurrió a ella para entender lo que le pasa y buscar una solución material o mágica si es necesario; ambos accedieron a que ella narrara un poco de su vida… la vida de una bruja.

-¿Una bruja nace o aprende el arte de la magia?

-Es un don. En realidad la bruja nace con este don, con esta energía y siente un llamado a cierta edad. Ya lo trae (el don) de vidas pasadas y solamente la viene a recordar quien es, a pulirlo a despertarlo y a moverlo.

-¿Usted desde cuando sabe que tiene ese don?

-Desde que tenía 7 años de edad.

-¿Cómo lo descubrió?

Mi mamá dice que yo fui un caso muy especial. Cuenta que ella tenía unos seis o siete meses de embarazo cuando me oyó llorar adentro de su vientre. Tiempo después, cuando yo tenía como un año de edad le movía objetos con la pura energía, abría la puerta sin que las chapas fueran violadas; ¡suena como película de Hollywood!, pero no, en realidad no es así, era algo que yo tenía. Era telequinética aparte de ser vidente, lo que soy en este momento.

La mujer, de mediana edad, carismática, dueña de una melodiosa voz y un carácter firme y fuerte, refiere que “en este momento de mi vida me he enfocado en ayudar a las personas. Trabajo en el bien común de los demás”, reitera.

Y explica: “Yo soy sacerdotisa de la vieja religión. Soy sacerdotisa de la Diosa Madre, de la Madre Diosa”.

De inmediato, como en un viaje mágico, se traslada en el tiempo y recuerda su vida en San Francisco, cuando niña, y con un brillo destellante en sus ojos, narra cómo desde pequeña fue muy espiritual, “era muy de iglesia, catecismo… todo eso a me llamaba mucho la atención”.

En casa pensaban que yo iba a tener un llamado espiritual, tal vez como religiosa…”, pero nada más alejado de la realidad, porque al paso del tiempo la creencia católica ya no la llenó.

Del catolicismo muda su espiritualidad a los Testigos de Jehová, pero pronto descubrió que ese no era su camino, “porque había muchas cosas que no iban conmigo”.

De esta manera siguió buscando su sendero espiritual, tenía 17 años, al final, después de recorrer muchas filosofías, entre las que también figuran el cristianismo y la metafísica “un buen día, siento ese jalado fuerte de la naturaleza”.

Según su relato, sus cualidades se vuelven más fuertes cuando su madre la llevó a vivir a Guadalajara “y ahí, en la casa de los abuelos había espíritus y cosas así que yo las percibía, las sentía y a veces hasta me hablaban. Era un escalofrío que ¡aaaah!, ¡tremendo!, o sea tuve mucha persecución espiritual cuando era pequeña, así es que por ello yo me la vivía en la iglesia”.

Años más tarde, visita Zacatecas donde tiene algunos parientes; “Me impacta la energía de aquí de Zacatecas y empiezo a sentir así como ‘el remolinón’ aquí en el interior; no sabía qué, pero de repente empecé solita a hacer ciertos rituales sin tener una idea.

Luego me encontré un libro de magia muuuuy antiguo que se llama Santa Cruz de Caravaca y empecé a aprenderme las oraciones y los conjuros en latín”, relata.

Decididamente siguió su llamado en la ciudad que le hizo sentir la incontenible magia que lleva dentro.

Mi sendero espiritual empezó con los arcángeles”, debido a una experiencia fuerte que tuvo y que la hizo invocar a San Miguel Arcángel.

La sacerdotisa explica que ella aprendió por pura vocación, porque años atrás, en sus inicios, no había las facilidades que ahora dan las computadoras y el internet, así que sola, por “instinto”, fue buscando y descubriendo lo que funcionaba y lo que no, porque además, era muy difícil acceder a literatura o información en general del tema.

Un torrente de emoción la embarga cuando explica lo que es la wicca: “Es la religión de la diosa. Wicca significa torcer, significa moldear. Es algo que tú puedes moldear. Es moldearte a ti mismo, moldear tu destino. Es transformar tu vida.

Dicen que es una religión de la New Age, pero no, no es cierto. Es mucho más antigua”, precisa.

Y se extiende: “Todos los sacerdotes y sacerdotisas de la antigüedad, chamanes ancestrales por medio del canto atraían ganado, seguían los rastros de la energía en ciertos momentos del año.

Sabían si iba a haber un buen año, un buen cultivo y se dieron cuenta que no estamos solos en la Tierra y que la Energía Divina estaba en todo lo que existe: en las piedras, en el agua, en la tierra, en las plantas… y de ahí todos esos ancestros nos han dejado estos legados maravillosos de magia”, explica.

Por ello, contundente dijo: “trabajo con la Diosa, con la naturaleza. Yo siento el llamado de ella a los 19 años de edad, y empiezo a sentir esta fortaleza y ella me empezó a guiar y me empezó a llevar exactamente en lugar apropiado”, está segura de que ella, la Diosa, fue la que la trajo a Zacatecas.

También por instinto “empecé a recopilar oraciones, aprendí hacer el trazado del círculo que es muy importante, delimitar un espacio sagrado dentro de lo que ya existe para poder tener comunión con la Diosa”.

Recuerda que ha conocido “mucha gente bruja en Zacatecas, pero en realidad no conocí a personas que se dedicaran al arte de la Diosa, o sea curaban y tenían este instinto de sanar gente y todo, pero no era algo así tan espiritual, tan femenino, tan sanador, tan mágico”.

Desde hace 10 años, Juli rinde culto a la Diosa en un espacio situado en la colonia El Paraíso, en Guadalupe. Ahí erigió su templo donde rinde culto a la vida y enseña que el aire es sagrado porque sin él no vivimos y el fuego, porque es la pasión de nuestra vida, es el coraje, es la fortaleza, es la chispa de nuestro espíritu.

Y afirma que se debe rendir culto al agua porque son nuestras emociones, porque sin el agua no vivimos y es la sangre que corre por nuestras venas. Y a la tierra porque es la dadora de vida.

Con profundo conocimiento, Juli, cuyo nombre ceremonial es Madame Persephone, explica que las festividades de la religión Wicca son ocho fiestas solares y 13 lunas llenas. “Son 13 ciclos femeninos y ocho soles, no discriminamos ni el masculino ni el femenino, sino que veneramos a la Diosa Madre y al Dios Padre, porque juntos hacen una sola vida; sin uno no hay el otro, es decir, sin el femenino no existe el masculino. Son complemento”.

En su templo, enseña a quien quiere saber, cura a quien busca ser sanado y rinde culto a los dioses paganos, los de la naturaleza, y para ello elabora, de manos propias, entre cánticos, oraciones y conjuros velas, veladoras, sahumerios y jabones entre otros muchos productos mágicos, para ayudar a sus pacientes a encontrar armonía y paz, amor y fortuna.

De esta manera Madame Persephone, Juli, la californiana asentada en Zacatecas, procura pagar su deuda de amor con la tierra generosa que la recibió hace 20 años en su seno.