Gabriel Puentes (+)

VILLANUEVA, ZAC.- Tal vez nadie lo dijo, pero Gabriel Puentes Hernández es la expresión plena del amor por México en todas las formas posibles de manifestarlo: como un hombre cabal y responsable, amoroso con los suyos y apasionado por la charrería, tal vez lo más notable de su mexicanidad.

El charro villanovense dejó no sólo a su familia, sino a su comunidad entera. Un legado que enorgullece a sus cinco hermanos: Eva, J. Carmen, Hermelinda, Genoveva y Franky y a quienes lo conocieron en su natal Tenango, Villanueva, Zacatecas.

Y en Seattle, Washington, donde fue parte de los fundadores de la Asociación de Charros Herencia Bonita en aquel país.

Fue el quinto hijo de Bernardino Puentes y Asunción Hernández y desde muy chico expresó, no con palabras, sino con hechos: su amor por las suertes charras. Ya de grande vistió con porte y orgullo el traje charro.

“Tendría unos cinco años cuando ya agarraba la soga”, recuerdan en casa del eMigrante, tal vez por lo que veía en su familia y con sus amigos, “eran su medio, su vida…”.

Su hermana Franky, la más chica de los seis hermanos, entre nostalgia, alegría y orgullo, revive sus felices recuerdos de infancia en la casa paterna: “desde niño siempre le gustó todo lo de los charros”.

Vocación desde los primero años.

“Solito se enseñó a florear la reata y a lazar, practicaba en el patio de la casa donde lazaba un palo”, probablemente imaginándose en un lienzo charro, vestido de gamuza sobre el lomo de un caballo bayo.

Ella aún vive en Tenango, donde su padre enseñó a Gabriel, a andar a caballo. Bernardino, cuentan quienes lo conocieron, fue un hombre de a caballo, “de esos que sabían ir derechitos, con su sombrero ancho y franca sonrisa para quienes saludaba a su paso”.

“Fue uno de los últimos patriarcas de Tenango. Falleció el año pasado, ya rayaba el centenario, murió poco antes de lo de Gabriel”.

En Tenango fue donde el otrora reconocido charro vivió su infancia y su adolescencia; era tímido al principio, pero cuando “entraba en confianza” era desenvuelto y alegre; el 27 de febrero era su cumpleaños, el cual festejaba con sus amigos con quienes también practicaba las suertes charras, dice su hermana.

Honor a quien honor merece.

El recuerdo de su hermano, el más allegado a ella por ser los más chicos, trae un brillo enigmático a los ojos de Franky: “él y yo éramos muy unidos por más chicos, aún cuando ya no estaba aquí. Yo lo seguía mucho a sus charreadas”.

Participaba en coleaderos desde que tuvo edad y lo dejaban hacerlo, pero hace casi tres décadas, a los 18 años fue invitado formalmente a un equipo charro de San Tadeo de las Flores, también de Villanueva, donde hizo gala de las suertes que más le gustaban: Manganas a Pie y a Caballo.

En 1994, cuando tenía 22 años de edad, animado por las historias de éxito y aventura de familiares y amigos, decidió dejar atrás su tierra, esa vida con olor a tierra mojada en julio, agua cristalina del Arroyo de La Tienda y las fiestas de la Santa Cruz Misionera del 12 de mayo, el olor a tortillas recién hechas a mano y “los caldos locos” de pescado que tanto le gustaba; le encantaba ir a pescar con sus amigos.

Dejando atrás sus querencias y su familia emprendió el viaje a Estados Unidos. Jamás volvería florear la riata en Tenango.

Para suerte suya, fue empleado casi de inmediato en un rancho de crianza de caballos en Seattle, con lo que “le dieron en su pata de palo”, dice su hermana, al referirse que, aunque lejos de la tierra que lo vio nacer, llegó a donde podía seguir floreando la reata, lanzando y acariciando a los caballos, por muchos años más.

Lienzo Charro: Amor y pasión de Gabriel.

Sin hacer cuentas precisas, la hermana del eMigrante narra que una vez que terminó su relación laboral en aquel “rancho gringo”, se empleó en un restaurant, “ya hablaba de regresar para acá”, dijo.

Aunque tuvo una pareja sentimental, no se dieron las cosas como se esperaban, y se separó, no tuvo hijos a quien heredar su pasión, aunque lo hizo a decenas, cientos, quizá miles de charros que convivieron con él y quienes lo recuerdan como un hombre alegre.

“Fue un buen hermano, respetuoso con la gente. Nunca tuvo problemas con nadie. Tenía muchos amigos, aquí y allá (en EU). Lo recordamos por buen hermano y buena gente, por buen muchacho. Siempre andaba de buen humor, sonriente y amigable”, remató Franky.

Y aunque la charrería es una actividad de precisión y alto riesgo, no fue en este deporte en el que Gabriel encontró la muerte.

Gabriel dejó este plano el 11 de diciembre de 2019 en Seattle, Washington, tras ser atropellado cuando llegaba a su casa después de una jornada de trabajo.


Misa de Cuerpo Presente

¡Que brille para él la luz perpetua!

Fue despedido por la familia charra en Seattle con una multitudinaria Misa de Cuerpo presente oficiada en el templo de la Sagrada Familia antes de retornar a su tierra.

En Tenango, donde aún hay una gran foto de él en la fachada de la que fue su casa, amigos y familiares lo despidieron con una cabalgata, con música de tamborazo y entre suertes charras.

Vivirá eternamente en el corazón de quienes lo conocieron como un hombre de calidad humana, larga sonrisa y sombrero ancho, igual que su padre.


FOTOGALERÍA: Da click en la imagen para ampliar.